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Viaje en el tren fantasma de Los Espíritus

Viaje en el tren fantasma de Los Espíritus

agendazaz

octubre 12th, 2017

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El sábado 7 de octubre el tren de Los Espíritus arribó al Polideportivo de Gimnasia y Esgrima de La Plata, teloneado por Poli.  Después de que pasó el ritual del reencuentro, Matías Ortega escribió esta crónica para ZAZ.

Por Matías Ortega / Fotos Macu Gnazo

La primera vez que escuché a Los Espíritus fue en Radio Provincia en 2012. Dato de época: Radio Provincia estaba en la vanguardia musical del momento y le pasaba el trapo a las radios de Capital, cuyo universo sonoro sólo giraba en torno a Palermo City. Yo volvía de Buenos Aires en el tren Roca a eso de las siete de la tarde, en estado de duermevela post-laboral. Segundo dato de época: el tren Roca llegaba a La Plata.

Entonces una voz me empezó a cantar al oído “Lo echaron del bar” y al principio pensé ¿qué es este delirio? Pero al rato ya me reía del personaje siendo expulsado del bar, de la comisaria -¡vomitando el patrullero!- y de su casa.  Después la canción se metía en mi cuerpo y me daban ganas de bailar con movimientos de fisura y por ahí -flasheaba- los pasajeros también se sumaban y el Roca se convertía en el tren fantasma de un parque de diversiones lumpen de los ’90.

Eso no pasó en el Roca, pero sí sucedió en el recital del sábado pasado, cuando la banda de La Paternal reabrió el Polideportivo de Gimnasia y Esgrima de La Plata, escenario mítico por donde pasaron desde Los Redondos a Charly García en sus mejores épocas. En la fila de entrada dos pibas hablaban de  recitales pasados:

-Yo vi a los Red Hot en Vélez en el 2001, en plena crisis las entradas valían 30 pesos. Una locura.

-Ah. Yo nací en el 2001.

Alrededor de las once, Maxi Prietto y compañía salieron al escenario con “Huracanes”, canción que enciende su último disco Agua Ardiente, y pusieron en marcha el viaje en el tren fantasma. El trip comenzó dos horas después de lo anunciado, pero así de impredecibles son los viajes que trascienden el tiempo. La bienvenida estuvo a cargo de Poli, de Sr. Tomate, que amenizó el ingreso del público con su guitarra y una formación de acordeón, percusión y trombón.

El tren fantasma nos acercó a todos los personajes y fenómenos de la psicodelia espiritual: mujeres-hoguera, gatos negros, crecidas que inundan ciudades, experiencias chamánicas y visitas fugaces al país de los muertos. Pero hubo un momento, después del primer intervalo, gracias a los juegos de luces y a la amplitud rítmica de la banda, donde se desdibujaron las líneas de la realidad. Y el expreso nos trasportó sin escalas a la selva amazónica, aunque nuestros cuerpos bailaban en un club de calle 4.

Más allá de los personajes fantásticos, el trip también se acordó de algunos monstruos terrenales: las  fuerzas de seguridad. Con cantos y aplausos, el público preguntó por Santiago Maldonado y no sólo se oyó un coro de silbidos cuando Prietto cantó “las armas las carga el diablo / y las descarga algún oficial”, sino que también Santi Moraes preguntó “¿dónde está Santiago? / se lo llevó el Estado” como una intervención a la letra de “Perro viejo”.

Sobre los palcos, colgaban banderas alusivas a barrios de La Plata, como una remake de la vieja mística del Polideportivo. Los cuerpos pedían cerveza a los gritos, pero lo más parecido que había en un buffet lateral eran latas de Quilmes sin alcohol. Abriéndose el camino entre el público, había un hombre que vendía agua con una heladerita sobre el hombro. Más tarde, Prietto dijo que la imagen del vendedor le parecía un sueño: sólo veía las botellas sostenidas por un brazo anónimo, flotando sobre la marea humana.

Los músicos también se entregaron al viaje. Como una banda de adolescentes que se juntan a zapar, amagaron con el arranque de Sweet Child O’mine, Satisfaction o Enter Sandman, intercambiando intros para euforia de la hinchada. También se sacaron una selfie desde el escenario después del rocanrol crudo de “Negro Chico”, acaso una continuidad de “Chico de la Oculta” de Viejas Locas o “Los mocosos” de Los Piojos.

El final llegó con el riff ganchero de “Noches de Verano” y la melodía pegajosa de “La Rueda”, que demuestra que se puede hacer crítica al sistema capitalista-occidental con mucho swing. Entonces el público formó un gigantesco círculo en el centro del campo, para después chocarse unos a otros en el clímax de la canción. Y el viaje del tren fantasma llegaba a destino, con los pibes y las pibas bailando como mares que quiebran las rocas.

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